VITAMINA D

Unos niveles bajos de esta vitamina (en su forma activa podríamos llamarla hormona, por el amplio espectro de funciones en las que participa) tienen consecuencias muy negativas para la salud. Las más conocidas son las consecuencias a nivel óseo, ya demostradas en el siglo pasado. Sin embargo, hoy en día se ha avanzado mucho más, y se han descubierto los beneficios que aporta como inmunoreguladora, como controladora de la inflamación sistémica y su intervención en más de 25,000 procesos celulares.

Un buen nivel sérico de esta vitamina puede ayudar a mejorar enfermedades como la obesidad (por su efecto sobre la activación de la leptina), enfermedades inflamatorias digestivas (colitis, Crohn, etc.), ya que ayuda a restaurar y mejorar la microbiota y protege contra la permeabilidad intestinal, enfermedades autoinmunes (artritis, lupus, psoriasis, etc.), e incluso en la prevención de ciertos tipos de cáncer, entre otros.

Para obtener estos beneficios, no basta con tener los niveles que nos indican desde el sistema sanitario, que establecen como valor mínimo aceptable en sangre 20 ng/ml, y en el mejor de los casos 30 ng/ml. Hoy en día, con toda seguridad se puede afirmar que un valor óptimo para beneficiarse de todo esto está entre 50-70 ng/ml. En el caso de buscar mejorar algún tipo de enfermedad, pueden ser necesarios valores superiores a 100 ng/ml, ya que se ha demostrado que hasta niveles de 150 ng/ml no presentan toxicidad. Incluso hay expertos que se atreven a sugerir valores aceptables más altos.

Nos insisten en que debemos tomar el sol para mantener unos niveles óptimos de vitamina D, ya que la principal síntesis de la misma se da a través de la piel al recibir los rayos solares. Sin embargo, si analizáis vuestros niveles antes y después del verano, os daríais cuenta de que apenas han subido. ¿Qué pasa entonces? ¿Dónde está el problema?

El problema radica en que los mensajes que recibimos no son del todo ciertos o, al menos, están incompletos.

Primero, debemos saber que, para que se genere vitamina D, las horas en las que debemos exponernos al sol son las de mayor riesgo, y sin aplicar cremas solares, ya que estas inhiben en un alto porcentaje su producción (un factor de protección 30 inhibe un 98%). Esto no gusta a mucha gente, ya que es inevitable el miedo al cáncer de piel, y con razón. Además, es bien sabido que en España (excepto en las Islas Canarias), debido a su latitud superior a 30º, la incidencia del sol es insuficiente para producir la cantidad necesaria.

Mi gran decepción con el sistema sanitario es ver cómo se ignora este campo tan interesante, que podría ayudarnos tanto. Para empezar, el análisis sérico de vitamina D solo se realiza en casos muy concretos, normalmente en personas mayores cuando ya presentan problemas relacionados con el déficit de esta vitamina. Nunca se realiza desde edades tempranas como medida preventiva. Además, si lo solicitas por tu cuenta, a menudo te encuentras con una negativa, llegando incluso a recibir respuestas como que «es una moda» y que «no es importante». Esto les ha sucedido a varios de mis pacientes en reiteradas ocasiones.

Lo peor es que todo esto ocurre debido al gran desconocimiento que existe sobre el tema, no porque quieran perjudicarnos, lo que demuestra la falta de actualización entre los profesionales sanitarios en torno a avances médicos como este.

En cuanto al tratamiento farmacológico que se pauta en los pocos casos en los que se mide el nivel y se detecta déficit (casi la totalidad de los casos comprobados), os diré que es completamente ineficaz, ya que las dosis suplementadas son insuficientes. El tratamiento habitual es una dosis mensual que, si la dividimos entre los días del mes, equivale a unos 700 UI/día, lo cual no es suficiente para lograr resultados. Además, estudios recientes han demostrado que la administración en una sola toma mensual es mucho menos eficaz que la administración diaria.

Los criterios que fundamentan dicha suplementación provienen de lo establecido en 1997 por la Food and Nutrition Board, que fijó el nivel máximo de ingesta admisible en 2,000 UI, lo cual no se basa en la evidencia actual. Ya en 2007 se dedujo que el dato de 10,000 UI/día es un nivel seguro, y hoy en día se habla de hasta 30,000 UI, experimentando incluso con cantidades mayores sin observar casos de toxicidad.

Animo a todos a investigar y leer sobre este tema, ya que es un campo muy interesante que puede ayudarnos enormemente en el tratamiento y prevención de muchas enfermedades que hoy en día nos afectan.

Un saludo a todos.

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